Macarena Ortiz M.
Líder Regional de Nutrición y Salud – Granotec
La obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles continúan siendo uno de los mayores desafíos de salud pública a nivel mundial. En Chile, donde más del 70% de la población adulta presenta exceso de peso y la obesidad infantil se ha mantenido entre las más altas de la región, la implementación de políticas públicas orientadas a mejorar los entornos alimentarios ha sido una prioridad. En este contexto, la Ley 20.606 sobre Composición Nutricional de los Alimentos y su Publicidad, implementada desde 2016, marcó un punto de inflexión al transformar la manera en que consumidores, industria y autoridades interactúan con los alimentos procesados.
La normativa chilena fue pionera a nivel mundial al integrar un conjunto de medidas regulatorias obligatorias: el etiquetado frontal de advertencia mediante octágonos negros para alimentos con alto contenido de azúcares, sodio, grasas saturadas o calorías; restricciones a la publicidad dirigida a niños; y la prohibición de comercializar estos productos en establecimientos educacionales. Además, su implementación fue gradual, endureciendo progresivamente los límites de nutrientes críticos entre 2016 y 2019. Este proceso permitió a la industria adaptar y reformular sus productos para cumplir con los nuevos criterios regulatorios.
Durante los primeros años de implementación, numerosos estudios demostraron cambios importantes tanto en los patrones de compra de los consumidores como en la composición nutricional de los alimentos disponibles en el mercado. Sin embargo, la gran interrogante seguía siendo si estas modificaciones lograrían traducirse, con el tiempo, en beneficios concretos para la salud de la población.
El estudio publicado por Rebolledo y colaboradores en 2025 (1), analizó la evolución de más de 4.000 alimentos envasados comercializados en Chile antes y después de la implementación de la ley. Los resultados evidenciaron una disminución sustancial en la proporción de productos que presentaban al menos un sello de advertencia, pasando de un 70,8% previo a la regulación a un 52,5% en 2020. Esta reducción fue consecuencia, principalmente, de los procesos de reformulación desarrollados por la industria alimentaria.
Entre las categorías que presentaron una mayor reformulación se encuentran los untables dulces (manjar y mermeladas), cereales para el desayuno, productos horneados salados, lácteos y productos cárnicos procesados no embutidos (disminuyendo principalmente su contenido de azúcar o sodio). En contraste, categorías como quesos, confites y comidas listas para consumir mostraron cambios mucho más limitados, evidenciando que la capacidad de reformulación depende también del rol tecnológico que cumplen los nutrientes en cada matriz alimentaria.
Estos resultados representan mucho más que un simple cumplimiento regulatorio, reflejan la capacidad de la industria de alimentos para desarrollar productos con un mejor perfil nutricional, manteniendo atributos esenciales como inocuidad, estabilidad, textura y características organolépticas.
Diez años después del inicio de esta política pública, un estudio publicado en la revista científica The Lancet (2026) (2) aportó evidencia sobre su impacto en salud, concluyendo que los escolares expuestos a la primera fase de implementación de la ley presentaron una menor probabilidad de desarrollar sobrepeso y obesidad en comparación con escolares no expuestos.
Estos resultados, consolidan a la Ley 20.606 como un referente internacional en políticas de alimentación saludable y confirma el rol que puede desempeñar la industria cuando la regulación va acompañada de capacidades de desarrollo tecnológico. La creciente adopción de regulaciones inspiradas en el modelo chileno en diversos países de Latinoamérica, sumado a consumidores cada vez más conscientes de la calidad nutricional de los alimentos, refuerza la necesidad de continuar desarrollando soluciones tecnológicas que permitan reducir nutrientes críticos sin comprometer la calidad de los productos.
En este contexto, la innovación adquiere un rol estratégico. El desarrollo de ingredientes y soluciones que faciliten la reducción de sodio, azúcares, grasas saturadas y calorías, entre otros, será cada vez más relevante para responder simultáneamente a los desafíos regulatorios, las expectativas de los consumidores y los objetivos de salud pública. El desafío hacia el futuro será continuar desarrollando alimentos cada vez más saludables, accesibles y tecnológicamente viables, demostrando que la ciencia, la innovación y la industria pueden desempeñar un papel decisivo en la construcción de sistemas alimentarios más saludables y sostenibles.
Como Granotec, creemos que la evolución de las tendencias en salud y nutrición refuerza la importancia de seguir impulsando la innovación basada en evidencia científica. En un contexto donde los hábitos alimentarios están cambiando rápidamente, el desafío ya no es únicamente alimentar, sino entregar más nutrición, funcionalidad y bienestar en cada porción consumida.
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